Crónica: María Vallejo Munárriz
La última actividad de la Asociación de Mujeres Periodistas Navarras ha sido un soplo de aire fresco en vísperas del verano. Después de aprender mucho y formarnos con los talleres de Civican impartidos por nuestras compañeras Ana Cordobés, Diana González y Ana López y el inicio del ciclo de comunicación con perspectiva de género impartido en colaboración con el INAI, llegaba la hora de la visita al Museo Oteiza, que hemos tenido el honor de realizar con la mirada de Aitziber Urtasun, responsable del Departamento de Educación Estética. Las que allí estuvimos salimos con una sonrisa después de casi 3 horas de aprendizaje y enriquecimiento personal.
Aitziber quiso adentrarse en la vida y obra del genio vasco desde su llegada a Navarra en la década de los 70, para poner en contexto el recorrido que íbamos a realizar después por las luces y sombras del museo construido por el arquitecto Javier Saiz de Oiza, amigo del artista. De esta manera, Urtasun nos explicó cómo Oteiza y su mujer, Itziar, vivieron la última época de su vida en el privilegiado entorno de Alzuza, donde está radicada su casa y el museo, en el mismo edificio.
Supimos que entre esas mágicas paredes están reunidas más de 1.600 esculturas, un millar de dibujos y piezas, entre otras obras, aunque sólo se expone el 30%. Oteiza decidió donar la totalidad de su legado a Navarra, por lo que no se puede vender. “El patrimonio de Oteiza se quedará siempre aquí”, nos dijo Aitziber.
La amistad de Oteiza y Saiz de Oiza propició que el artista seleccionara junto al arquitecto el orden y ubicación de su obra en el museo. Oiza entendió a la perfección el estilo y la filosofía de su amigo a la hora de construir un edificio con claros y penumbras, con vacíos y salientes. Con ventanas y diferentes alturas. De esta forma, entramos por un acceso en penumbra, para dejar la luz natural en las salas, lo que permite que la exposición esté en constante transformación según la hora del día.
A partir de ese momento, nos sumergimos en una visita atípica, sin discursos guiados y aprendidos, como ocurre en la mayoría de centros artísticos, con la excepción de los contemporáneos, donde sí es posible acceder a la obra desde puntos de vista feministas, LGTBI e inclusivos.

“La libertad guiando al pueblo”, de Delacroix. ¿Quién no conoce ese emblemático cuadro sobre la Revolución Francesa? Aitziber Urtasun nos propuso mirarlo de otra forma. Preguntarnos por qué se representa a la libertad con una mujer, semidesnuda, sexualizada. “No es ir en contra del artista. La narración tiene que formar parte del discurso. El feminismo puede ayudar a construir el presente de otra forma y en el arte pasa lo mismo”, analizó Urtasun.
Otra propuesta innovadora nos descuadró. Mirar la obra sin ir en primer lugar a leer el DNI: el rótulo con el título. “Hay que hacer el proceso contrario, ver, mirar, detenerse”, apuntó Aitziber, partidaria de dedicar tiempo a esta experiencia.
A partir de ahí, descubrimos poco a poco la obra de Oteiza, repartida en dos etapas, figurativa y abstracta. El común denominador, mujeres asexuadas, con fuerte influencia de la iconografia antigua y Picasso, el artista predominante en aquella época. “Adán y Eva”, representados como simios, “San José y María encinta” y “Mujer mirándose en el espejo” fueron las primeras obras en las que descubrimos esa desaparición de los rasgos femeninos en la figura de la mujer, también presente en la escultura que representa a la maternidad entre madre e hijo.
Las obras que vemos son de pequeño tamaño. “No hizo esculturas a escala pública. Las que se exponen en la calle lo están porque él lo permitió, a partir de los años 90. Él sintió que su vida finalizaba y veía en ello una forma de suicidarse”, nos explicó Aitziber Urtasun, dando a entender que el artista no era partidario de este tipo de exposición a gran escala.
Nos plantamos ante la parte del legado de Oteiza más conocido, las esculturas con vacíos formales. “Quiere acercarse a la metafísica, a lo espiritual. Por eso vacía el eje central, donde están los órganos vitales”, aclaró Urtasun al mostrarnos una de sus obras más conocidas, “El coreano”, expuesto a gran escala en la Plaza de la Libertad de Pamplona.
También conocimos la obra original de “Los apóstoles”, 14 para Oteiza y que forman parte de la Basílica de Arantzazu, que Aitziber nos animó a deconstruir. “Es una obra aparentemente religiosa, pero como no ha identificado a ningún apóstol con sus objetos, podemos interpretar que es el pueblo, que son mujeres… ¿por qué no?”, propuso, mientras nos explicaba que también los materiales hablan del género: si son pesados, de forja, si son telas…
Tras observar la diminuta “Unidad triple y liviana”, conocida por estar a lo grande en la Plaza del Castillo, supimos que Oteiza fue autodidacta y se enfrentó a los materiales “con libertad”. Sus contradicciones radican en un hombre profundamente religioso, que estudió 3 años de Medicina. “Para él, un artista no se define por sus éxitos sino por sus fracasos”, nos reveló Aitziber.
Fue el momento de acceder a su laboratorio, donde se reúnen más de 2.000 piezas. “No hacía esculturas, sino familias de esculturas, y se vinculaba anímicamente con ellas. Llegó a decir cuando las transportaban en camión al conductor: ‘Ten cuidado, que son menores de edad’”, recordó Urtasun.
Tuvimos la oportunidad de ver sus laboratorios de tizas y maclas. En el primero, vimos cómo son mucho más que tizas. “Él las llamaba sonemas con las que hacía poemas, como si fuera una narración. Aunque sean abstractas, hablan de miedo, protección, etc”. Y en el segundo, descubrimos uniones de cuerpos cristalinos “que no se pueden desunir ni llegar a su origen”, y que Oteiza componía de tres en tres.
Como conclusión, supimos por boca de Aitziber que lo más importante a la hora de ver una obra de arte son dos ideas, “la mirada y la lentitud”. Nos adentramos finalmente en la muestra de dibujos y en su biblioteca personal, que consta de 6.000 libros y 5.500 publicaciones.
El tiempo se nos pasó volando y terminamos en el jardín de la casa de Oteiza, donde Aitziber Urtasun nos propuso continuar esta maravillosa experiencia el próximo jueves, con un taller donde deconstruiremos con perspectiva de género dos obras de Oteiza. Ya tenemos ganas de que llegue.
Gracias a Museo Oteiza y a Aitziber por su gentileza y predisposición para que esta actividad tan apasionante sea una realidad.
